El fracasado no es el que intenta y falla.
El fracasado es el que nunca intenta nada.
Hay personas que intentan, fallan, vuelven a intentar, vuelven a fallar… y un día le pegan.
Así funciona la vida real.
Yo he quebrado negocios.
He cerrado proyectos.
He fallado varias veces.
Y aun así, algunos de esos intentos hoy me siguen dando un estilo de vida que muchos no van a conocer jamás.
Lo irónico es esto:
muchos de los que se burlan de los “fracasos” ajenos no entienden algo muy simple:
ese fracaso del que se ríen, para esos que se burlan, sería el mayor éxito que jamás tendrían.
Porque ellos no están fallando.
Ellos están cómodos.
No ejecutan, no arriesgan, no se exponen, no pierden…
y por lo mismo, nunca ganan.
Nunca tengas miedo de fallar.
Fallarte proyectos, negocios o ideas es normal.
Lo más probable es que pase.
Pero por pura estadística, si lo intentas lo suficiente, a uno le pegas.
Tenle miedo a lo otro.
A quedarte quieto.
A no intentarlo.
A vivir seguro… y perder sin haber jugado.
Ese sí es el verdadero fracaso.


